Mostrando entradas con la etiqueta PAUTAS SALUDABLES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PAUTAS SALUDABLES. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de junio de 2018

PAUTAS Y APRENDIZAJES

De vez en cuando me gusta retomar todos mis apuntes de lo que he ido aprendiendo  a lo largo de estos dos años, en consulta, en cursos de formación y a través de la lectura de artículos, publicaciones y libros sobre nutrición y dietética y salud holística, porque me ayuda a recordar, me centra y me acompaña tomando conciencia de las cosas en las que me voy relajando y que me hacen recaer en algún síntoma.  

He pensado que estos apuntes y anotaciones, aunque son muy básicos, imperfectos e incompletos y, los cuáles, han pasado por el filtro de mi comprensión y percepción pueden servir de ayuda para comprender un poquito más lo que puede estar ocurriéndonos a tantas personas que leeis el blog y que buscáis orientación y comprensión en situaciones similares a la que yo viví.

Así que aquí os dejo un resumen de mis apuntes. Cuando las personas enfermamos es imprescindible buscar el origen de dicho desequilibrio para poder subsanar el problema de raíz. la medicina convencional nos ayuda a paliar los síntomas o solucionar los problemas, pero en muchas ocasiones hay efectos secundarios graves o las soluciones planteadas son demasiado drásticas. Es importante que haya una colaboración entre la medicina convencional y la medicina integrativa, biología aplicada y otras terapias alternativas que permitan llegar a la raíz del problema y solucionarla para siempre. 

En primer lugar es importante conocer que, cuando una persona enferma, ésta puede tener en su codificación genética unas probabilidades de desarrollar ciertas enfermedades que, si hay un entorno favorable a ellas, se desarrollarán. Otras enfermedades se desarrollan por malos hábitos sin tener una predisposición genética dada. Son múltiples los factores que van a influir en la aparición o no de una determinada patología. Entre estos factores están los malos hábitos de vida: mala alimentación, mala gestión del estrés, y pobres hábitos de actividad física, contaminación ambiental, uso excesivo de medicamentos, entre otros. 
Los malos hábitos de vida pueden desequilibrar tres sistemas u órganos fundamentales de nuestro organismo: el sistema hormonal, el sistema hepato-vesicular y el sistema digestivo, más concretamente los intestinos y su funcionamiento.

El sistema hormonal regula las reacciones y procesos bioquímicos que ocurren dentro de nuestro organismo. Las hormonas son como mensajeros gracias a los cuáles cada sistema sabe qué función tiene que realizar en cada momento. Si existe un desequilibrio hormonal, estas reacciones bioquímicas no se van a realizar de forma correcta y, por tanto, a lo largo del tiempo, tendremos carencias o "fallos" que desencadenarán procesos patológicos. Nuestro organismo trata de equilibrar esos "fallos" de manera sabia, pero estos reequilibrios suelen ir en detrimento de otras funciones básicas. Así, por ejemplo, si nuestro sistema nervioso está demasiado alterado por una mala gestión del estrés, probablemente necesite la ayuda del sistema endocrino (hormonal) para soportar esa etapa de desequilibrio nervioso y posibilitar los procesos necesarios que permitan al organismo subsistir. Si el sistema endocrino está demasiado ocupado en una tarea que no debería requerir tanto sobreesfuerzo, el sistema va a priorizar tareas dejando de lado otras, lo que puede desencadenar, por ejemplo, en un retraso en la menstruación, ausencia de la misma, dolores por desequilibrio hormonal, migrañas, etc. 

Hoy en día existen muchos factores que pueden alterar el sistema endocrino: una mala alimentación, poca actividad física, mala gestión del estrés, contaminación ambiental, uso de medicamentos, alteradores endocrinos presentes en pinturas, perfumes, gases, agua del grifo, agua embotellada, envoltorios plásticos y poliestireno en los alimentos, productos cosméticos, entre otros.


El hígado y la vesícula, por su parte, tienen la función de procesar y transformar muchas de las sustancias que ingerimos y, al mismo tiempo, eliminar todo aquello que nuestro organismo no necesita. El hígado desarrolla su función en tres fases, cada una con un proceso determinado.  Cuando el hígado no realiza bien alguna de estas fases los productos que genera no son los adecuados y esto puede dar lugar a ciertas patologías. Si a este hecho se une un desequilibrio o un mal funcionamiento hormonal, el problema puede resultar más grave.
El funcionamiento del hígado es muy complejo y a la vez muy interesante, pero no me extenderé más en este post. Si alguna persona estuviese interesada en tener más información, podría compartir con ella  lo que he ido aprendiendo.

 El intestino está poblado por millones de bacterias, unas beneficiosa y otras no tanto. Para que un organismo esté en un estado de salud óptimo tiene que tener más número de bacterias beneficiosas que patógenas. Las bacterias beneficiosas contribuyen al buen mantenimiento de la capa mucosa que protege el intestino y éstas se alimentan de fibra no digerible - la que el estómago no descompone- y aumentan en cantidad con el consumo de alimentos probióticos. Por otro lado, las bacterias patógenas se alimentan de azúcares y levaduras (explicado de forma sencilla, todo es mucho más complejo) y además, se alimentan de la capa mucosa del intestino. 

Atendiendo a estas características, si una persona tiene un número elevado de bacterias patógenas, éstas se "comen" la capa mucosa, que es la que protege al organismo de la entrada en la sangre de sustancias nocivas para la salud, de bacterias, proteínas que no se han descompuesto en sus aminoácidos de forma correcta, moléculas más grandes de lo deseado, etc. El intestino, sin su capa protectora se vuelve permeable y empiezan a pasar sustancias tóxicas a la sangre, lo que provoca una inflamación interna que, mantenida en el tiempo, da lugar a importantes desequilibrios en multitud de reacciones y procesos químicos, lo que va a originar, tarde o temprano, alguna patología.

Si tenemos alguno de estos tres sistemas u órganos afectado por unos malos hábitos de vida, estaremos sufriendo un proceso inflamatorio interno. La mayoría de la población lo sufre de manera inconsciente y solo conoce de su existencia cuando aparece alguna patología que perdura en el tiempo o es recurrente.

Muchas personas tienen una flora intestinal patológica, es decir,  un desequilibrio en el nivel de bacterias, predominando las patógenas. ¿Y POR QUÉ? Porque no se alimentan correctamente, están en un medio muy contaminado, toman medicamentos, antibióticos, viven estresadas y con mucha presión y se han olvidado de vivir pausadamente el día a día.

Frente a la contaminación que escapa a nuestras manos y los disruptores endocrinos que tocamos, inhalamos a diario podemos hacer poco, aunque hay algunas pautas básicas, pero ahora no voy a extenderme aquí. Paso a centrarme en lo que sí podemos controlar.

¿QUÉ "ALIMENTOS" HACEN QUE NUESTRA FLORA SE DESEQUILIBRE?

El consumo de pan blanco, trigo, gluten (consumido a diario, el gluten es  proinflamatorio, especialmente el gluten de trigo y debería consumirse con moderación y siempre de calidad) pastas, arroz blanco, todo tipo de cereales refinados, inflados (los de desayuno que nos ha vendido la industria americana), el consumo de pan con levaduras a diario, los lácteos y derivados industriales de todo tipo, especialmente de vaca y los de producción convencional, la bollería industrial y casera (ésta última tomada a menudo, de vez en cuando no pasa nada), el azúcar, el azúcar de coco, panela, edulcorantes de todo tipo (menos la stevia en hoja, no la de polvillo), siropes, melazas, miel (estas dos últimas se pueden consumir de forma esporádica), galletas, rosquilletas, horneados de harina, pescado de piscifactoría, carnes no ecológicas, excesivo consumo de carne a la semana, zumos de brick, zumos naturales (si se consumen a diario, pues son azúcar directo en sangre, mejor tomar la pieza entera con su fibra), pizzas, hamburguesas, salsas, grasas saturadas.

Por el contrario, ¿QUÉ COSAS FAVORECEN LAS BACTERIAS BUENAS PARA DESTERRAR A LAS PATÓGENAS?

El consumo de cereales que no contengan gluten (arroz, mijo, quinoa, amaranto, trigo sarraceno, avena) y siempre integrales, el consumo  de legumbres (2-3-4 raciones semanales), frutos secos sin salar, ni freír, crudos o tostados en casa, semillas crudas o tostadas en casa (calabaza, sésamo, lino y chía siempre molidas o remojadas 8h), grasas saludables con equilibrio de omega 3-6-9 (frutos secos, aceite de oliva, de lino, de sésamo, aguacates, semillas), fruta fresca de temporada entera, muchas verduras ecológicas de temporada, alimentos prebióticos y probióticos - verduras fermentadas, encurtidos, patatas cocinadas con piel y enfriadas en nevera 24h, plátanos verdes, manzanas asadas con piel y enfriadas 24h en never, entre otros-, hongos-setas y si se quiere, huevos siempre ecológicos,  carne consumida de manera moderada (1-2 veces en semana), siempre ecológica,  para evitar hormonas , antibióticos y contaminantes y pescado fresco, nunca de piscifactoría y siempre que sea posible pequeño (sardinas, anchoas, salmonetes, etc., ya que es el menos contaminado con metales pesados, que también son muy inflamatorios)

Respecto a los dulces: horneados caseros, helados, tartas, postres, es mejor no consumirlos y de hacerlo que sea de manera esporádica. El paladar se reeduca al eliminar el azúcar o edulcorante añadido y empiezas a apreciar el sabor dulce natural de los alimentos, además de que se reduce la ansiedad, los cambios de humor, la bajada de energía entre otros muchos aspectos que ahora no mencionaré.



Ahora bien, si una persona padece alguna enfermedad o desequilibrio es muy importante que acuda a un buen profesional que le realice un estudio a todos los niveles, para conocer en qué estado se encuentra sus sistema endocrino, su hígado o su intestino y, en función de su caso concreto, adaptarle las pautas de alimentación, porque no cumplen todos los alimentos las mismas funciones ni todas las personas tienen carencias o desequilibrios iguales. Es preciso hacer una adaptación individualizada.

Por otro lado, es recomendable que todas las personas realicemos actividad física diaria un mínimo de una hora al día. Dicha actividad va a depender de las características de cada uno/a y de su condición física. Así dependerá el nivel de intensidad y el tipo de ejercicio a realizar pudiendo empezar desde paseos a ritmo medio-alto, carrera, natación, bicicleta, ejercicios aeróbicos practicados a partir de diferentes disciplinas, yoga, pilates, meditación, entre otros.


Esperando que estos apuntes sirvan de base orientativa para aquellas personas a las que no os dan ninguna esperanza, estáis hartas de sufrir tontamente y sentís curiosidad por conocer vuestro cuerpo y experimentar mejorías. Como os he comentado con anterioridad, son aprendizajes pasados por mi filtro y que a mi me han venido muy bien, me han hecho sentir  mejor, y han cambiado por completo mi estilo de vida y mi salud. 

miércoles, 24 de enero de 2018

¿QUÉ CARNE COMER?

Últimamente leo mucho acerca del vegetarianismo y veganismo y no paro de escuchar que si carne sí, carne no, etc. Esta es una decisión muy personal que debe ser respetada en todo momento, pues la persona que elige ser vegetariana o vegana no va a tener ninguna carencia nutricional si antes se forma convenientemente y sabe qué pautas debe seguir para obtener todos los nutrientes a partir de alimentos de origen vegetal. Dicho esto, hoy voy a hablaros de algo que sí debería conocerse a nivel mundial, ser de dominio público, estar en las televisiones, noticias, periódicos, en la escuela, en casa...y por lo que todos deberíamos luchar y denunciar, ya que afecta directamente a nuestra salud y nuestro bolsillo: la calidad de la carne.

Lejos de implicarme en si es mejor o peor comer o no carne, recordemos que, desde que las primeras tribus cazadoras-recolectoras se alimentaran de frutas y la caza que lograban, pasando por las diferentes eras de la humanidad, la carne no ha sido consumida a diario, ya que primero durante la caza, no todos los días se cazaban buenas piezas con las que alimentarse. Después, con la aparición de la agricultura y el asentamiento en lugares, el ser humano no cazaba tanto, puesto que se mantenía fijo en una determinada zona y dependía de las piezas que pudiera encontrar en dicha zona a lo largo de las diferentes épocas del año. Ya en las sociedades industriales, con la distribución de población en diferentes clases, la carne se consideraba un alimento de ricos, al que solo se podía acceder en determinadas ocasiones especiales, con lo que la población se alimentaba de granos, legumbres, frutas y verduras, así como algunos huevos y pescado en zonas de pesca. Hoy en día, la evolución y revolución tecnológica, la investigación científica, las grandes empresas de alimentación han logrado ofrecernos un producto, carne, mucho más asequible. Este hecho desemboca en un mayor consumo de la misma en gran parte de la población del primer mundo, al que llamamos mundo desarrollado. A mayor demanda debe haber una mayor producción, así pues, la industria, con el aumento de la población y el incremento en el consumo de carne ha tenido que ingeniárselas para crear animales que dieran un mayor rendimiento con el fin de poder abastecer la demanda. Así es como nacieron los pollos broiller, en lo que aquí me quiero centrar.

Los pollos broiller son aquellos que se venden en la mayoría de supermercados y tiendas para consumo humano. Estos pollos han sido modificados genéticamente, diseñados para que su metabolismo les haga engordar rápidamente y de forma desproporcionada. En un mes desde su nacimiento son capaces de alcanzar el peso de venta a base de piensos artificiales. Además, puesto que las granjas avícolas deben producir mucho en poco tiempo, los pollos son hacinados en jaulas y no salen de ellas en todo su período de crianza.  Esto conlleva riesgos de enfermedades infecciosas que podrían echar a perder la producción, por ello se utilizan, de manera preventiva, los medicamentos y antibióticos suministrados masivamente.  Su alimentación y el uso de medicamentos, así como su genética hacen que estos pollos den una carne que alcanza el peso ideal de venta, pero con un color pálido, blanco mortecino y cuya carne está compuesta en su mayor porcentaje por agua. Su sabor dista mucho del pollo criado respetando el ritmo natural de crecimiento y alimentado de manera natural. 

Esta carne, que hoy forma parte de nuestros platos, que encontramos "tirada" de precio en las tiendas y que nos permite comerla casi a diario genera numerosas consecuencias graves en nuestra salud. Así en las últimas décadas se han observado un aumento considerable de muchas patologías, enfermedades y, sobretodo, aumento de cáncer.

Muchos establecimientos, al conocerse dichos datos y sabiendo de antemano el posible cambio en la demanda, comenzaron a poner en sus estantes el pollo de corral o "pollo campero", que como bien sabemos, tiene un color ligeramente amarillento o más oscuro. Dichos pollos, en los supermercados, tienen un color amarillo intenso que nada tienen que ver con el tono del pollo campero natural. Se venden a un precio más caro que el pollo normal, pero siguen siendo los mismos perros con distintos collares, ya que muchas empresas utilizan sustancias para colorear dicha carne y hacerla similar al pollo campero.

Para saber si una carne es buena o no solo hay que fijarse en el color, el tamaño, su textura, sabor, la cantidad de agua que pierde al cocinar y su volumen, y, como no, el precio. Un buen pollo campero tiene un peso considerable, unos 3 ó 4 kg y su precio ronda los 30-35€. 

Yo no puedo permitirme comprar un pollo cada día o cada semana, pero sé que el pollo que tomo es de buena calidad. Y lo prefiero así, porque sé que la base de la alimentación deben ser verduras, hortalizas y frutas y ya, a partir de ahí, complementar con legumbres, cereales integrales, huevos, pescado y carnes si así se desea.

Tomar carne puede tener sus beneficios o no, según se mire, pero deberíamos luchar por lograr que la carne que se nos ofrezca sea de buena calidad, sin engaños ni fraudes, respetando el proceso natural y la vida del animal, cuidando el medio que nos rodea, que, al fin y al cabo, gracias a él podemos subsistir y no, no es eterno e inalterable. A la vista está. Para ello no podemos dejar esto en manos de los que dirigen el cotarro. El cambio debe empezar por uno/a mismo/a, pues de nada sirve exigir a los demás, si nosotros/as mismos/as no cambiamos e introducimos pequeñas diferencias.  para que la demanda de carne de mala calidad baje, debemos tomar menos carne, al menos de ese tipo y, puesto que la mayoría de nosotros/as no podemos permitirnos consumir carne de alta calidad  a menudo, no queda otra que disminuir su consumo en pro de alimentos de origen vegetal que también resultan muy nutritivos. Este hecho va a tener consecuencias favorables a la salud, pero son aspectos que no voy a tratar en este post.

Cada uno/a es responsable de su propia salud en primera instancia, como lo es de la situación escandalosa en cuanto a la alimentación y su industria que nos rodea. Si bien podemos decir que nos engañan y nos manipulan, la información da poder, e interesarse, preocuparse y ponerse manos a la obra nos empoderan y nos hacen capaces de introducir pequeños cambios que van a ir en favor de nuestra propia salud y el medio.

Sin nada más que añadir, aquí os dejo una imagen de un pollo de corral o campero de buena calidad. Su color más rosado amarillento, la textura prieta de su carne y el sabor muy intenso, que muchas personas reconocen no gustar cuando están acostumbradas al pollo sin sabor, deja relevancia de las grandes diferencias entre una carne de buena calidad y otra de pésima.


Nota: trasládese toda esta reflexión a cualquier tipo de carne.

martes, 15 de noviembre de 2016

MIS PAUTAS DE ALIMENTACIÓN

Hola seguidores/as:

Hace días que no comparto cositas con vosotr@s pero la verdad es que he estado muy liada con varios proyectos que llevo entre manos.

Quería compartir con vosotros este post para gritar a los cuatro vientos que POR FIN ME HAN DADO EL ALTA MÉDICA.  Sí, ya no tengo inflamación intestinal, ni rastro de la candidiasis y mi hígado y estómago vuelven a estar como nuevos. Todavía me falta regular el nivel de progesterona, pero el nivel de estrógenos ya está normalizado, por lo que ahora me queda un simple tratamiento hormonal natural (nada de medicinas químicas con efectos secundarios, para respetar la filosofía médica con la que me han tratado en la clínica).

Como bien sabéis, antes de empezar el tratamiento padecía de dolores musculares, contracturas crónicas, candidiasis intestinal, infecciones de orina recurrentes, gases, hinchazón, ovarios poliquísticos y síndrome premenstrual, nerviosismo, ansiedad, sueño inquieto y nada reparador, aceleración, pérdidas de memoria (dificultad para encontrar palabras en una conversación) y dificultades para concentrarme, así como asma y alergia a todos los alimentos de origen vegetal.

El otro día, hablando con mi pareja acerca de las revisiones médicas anuales que suelo hacerme le comenté que es un hábito que tengo desde hace mucho tiempo, puesto que considero importante revisar la salud para prevenir o detectar enfermedades y atajarlas cuanto antes. Durante muchos años he padecido ciertos niveles de anemia y cansancio a los que los médicos no han dado importancia, diciéndome algunos que los datos aparecidos en los análisis no eran relevantes. Otras veces me han medicado con hierro, vitaminas sintéticas, etc. Con respecto a los dolores premenstruales sabéis que me decían se debían a los ovarios poliquísticos y que eso era así, que me había tocado vivir eso y no había otra opción más que hormonarme o aguantarme. En fin, todo un conjunto de argumentos que no solucionaban ni investigaban de dónde venían todos los malestares que tenía.

Otro aspecto que remarcaba era el hecho de tener una intolerancia al gluten no diagnosticada. Hoy en día se sabe que una intolerancia al gluten puede determinarse con una analítica en sangre y una biopsia intestinal, pero existen muchos casos en los que dichas pruebas dan negativo y no por ello los pacientes no son intolerantes al gluten, tal y como indica Xevi Verdaguer. Hacen falta pruebas específicas y una biorresonancia que determinen dicha intolerancia que puede estar encubierta. 

Con todo esto no quiero menospreciar el gran trabajo y labor que realizan muchos de los grandes profesionales médicos que existen en nuestro país. También comprendo que es imposible conocer todos los aspectos del funcionamiento del cuerpo humano, primero porque es una ciencia muy amplia y segundo porque existen muchísimos campos en continua investigación. Ahora bien, creo que la medicina que nos envuelve, la medicina tradicional, se basa más en la parte curativa y no tanto en la prevención en el desarrollo de enfermedades. Y es aquí dónde la medicina integrativa, partiendo de la persona como un todo y apoyándose en la alimentación saludable, en la medicina natural, las terapias alternativas y todo lo que ello conlleva, nos ayudan a evitar gran número de enfermedades y nos enseñan a comer como nunca nadie nos ha enseñado: comer para nutrirse, sin observar las calorías, sino el tipo de nutrientes y cómo nos beneficia a unos y otros en función de nuestra actividad, funcionamiento orgánico, características del medio en el que vivimos y otros muchos factores.

¿Y qué he aprendido yo de todo esto?

En primer lugar, que existen múltiples teorías entorno a la alimentación, todas ellas con bases científicas en mayor o menor medida y que no podemos llevarlas a cabo sin escuchar primero a nuestro cuerpo y observar cuáles son sus necesidades: si nos duele la cabeza de forma recurrente o tenemos dolores premenstruales, entre otros muchos síntomas, no podemos considerarlo normal ni pensar que nos ha tocado sin más. Tener dolores no es lo normal y detrás de todo ello existe una causa fisiológica que puede venir determinada por una alimentación inadecuada. Un buen profesional será quién nos guíe en la elección de esos hábitos alimenticios adecuados.

En segundo lugar, he aprendido que casi todas las teorías de alimentación tienen unas pautas básicas compartidas y son aquellas que yo estoy llevando a cabo y que me han hecho sanar por completo (reitero que los médicos me decían que mis alergias eran para toda la vida y que solo podía alimentarme de carne, huevos y pescado, estando prohibida la fruta, verduras, cereales y legumbres), las cuales recomiendo a cada uno de vosotr@s si queréis ganar en salud, energía y buen estado anímico y físico:

- Las frutas mejor comerlas fuera de las comidas y sin mezclar frutas ácidas con dulces (evita gases y malas digestiones, aprovecha mejor los nutrientes)

- Evitar el postre en las comidas, mejor tomarlo como almuerzo o merienda. (Evita gases, digestiones pesadas, mal absorción de nutrientes y exceso trabajo del sistema digestivo)

- Intentar no mezclar en un mismo plato (podemos hacer alguna excepción en días especiales) proteína animal -carne, pescado, huevos-, con proteína vegetal -legumbres, semillas y frutos secos-. (Evita gases, digestiones pesadas y mal absorción de nutrientes. Evita forzar el sistema digestivo)

- Cuanto más sencillo y menos ingredientes tenga un plato, más digerible será. ( Evitar mezclar cereal con proteína animal. A mi me produce gases e hinchazón). No tiene sentido hincharse a comer para obtener energía si luego nuestro organismo va a necesitar consumir una gran cantidad de energía en digerirla. lejos de sentirnos energéticos nos sentiremos cansados, adormilados y sin energía. pensad en cómo nos sentimos tras una fuerte comilona o en cómo dormimos o nos levantamos al día siguiente si hemos cenado más de la cuenta.

- Eliminar el consumo de alimentos refinados: arroz blanco, pasta blanca, pan blanco, azúcar blanco (No poseen tantos nutrientes para el organismo. Nos aportan almidón puro lo que provoca picos de insulina que pueden acabar originando una prediabates o diabetes).

- Eliminar el consumo de azúcar lo máximo posible y consumirlo sólo en ocasiones especiales, siendo el azúcar panela o el azúcar de coco los de mejor calidad. La stevia tomarla en hoja y evitar en la medida de lo posible la stevia comercializada como polvo blanco, ya que contiene muchos aditivos. (El consumo de azúcar altera la flora intestinal y puede producir candidiasis intestinal. Además produce picos de insulina en sangre lo que podría, de manera repetida, originar una prediabetes o diabetes).

- Eliminar totalmente los productos lácteos y derivados tales como el yogur o el queso. En caso de consumir yogur o queso mejor hacerlo de leche de cabra y cerciorándose que en la etiqueta especifique "cultivo vivo", sólo así nos aseguraremos de que contienen las bacterias probióticas beneficiosas para nuestro intestino. El resto de productos comercializados actualmente poco tienen que ver con dichos productos que se tomaban años atrás. (Los lácteos son disruptores hormonales y provocan diferentes tipos de cáncer, así como quistes en ovarios, mamas, síndrome premenstrual y ovarios poliquísticos entre otros. Desequilibran los niveles de estrógenos y progesterona en el organismo, dando lugar a diversas patologías, entre las que pueden encontrarse la infertilidad) Existen muchos alimentos que contribuyen a un buen estado de la flora intestinal tales como la fruta, verduras, cereales, legumbres, productos fermentados como el chucrut, las aceitunas, el te kombucha, entre otros. El calcio lo obtenemos de las verduras, legumbres, frutos secos y semillas y en muchos de ellos la aportación de calcio es superior al de la leche. Cabe destacar que el calcio de la leche no se fija correctamente en los huesos. al parecer los lácteos resultan alimentos altamente acidificantes y el organismo toma el calcio de los huesos para equilibrar y compensar, por lo que lejos de prevenir enfermedades como la osteoporosis, pueden producirla y agravarla (mi madre lo ha experimentado en su propio organismo y tantos otros pacientes de la clínica a la que acudía)

- Eliminar (en mi caso) o reducir al máximo el consumo de productos con gluten, alternando su consumo con cereales que no lo contienen, puesto que parece ser que el gluten tiene en su composición unos componentes que favorecen la inflamación de los órganos aumentando la predisposición a sufrir ciertas enfermedades. En caso de consumirlo hacerlo siempre con cereales integrales de buena calidad, de origen ecológico y siempre mejor procedente de espelta, kamut, centeno o cebada, ya que estos cereales están menos adulterados que el trigo.

- Realizar 5 comidas al día, tratando de hacer la cena lo más ligera posible -a no ser que vayamos a realizar alguna actividad después de cenar y estemos despiertos hasta altas horas de la madrugada.

- Tomar gran cantidad de verduras variadas a lo largo de la semana y un par de piezas de fruta al día. (Equilibra nuestra flora intestinal, refuerza nuestro sistema inmune, provee de nutrientes imprescindibles para la vida)

- Alimentarse con productos de temporada y a ser posible, ecológicos. La naturaleza provee con lo necesario para cada época del año y respetarla evitará forzar el organismo o favorecer la aparición de intolerancias a ciertos alimentos.

- Evitar beber durante las comidas, para no diluir los jugos gástricos. (Mejora la digestión)

- Realizar ejercicio físico a diario para fortalecer nuestro sistema a nivel físico, neuronal y emocional.

- Dedicarnos tiempo para la reflexión, la toma de conciencia de uno mismo. Aprender a estar y ser sin necesidad de estar haciendo algo todo el tiempo. Aprovechar el aquí y el ahora.


Estas son las pautas que yo sigo cada día y que han hecho que desaparezcan todas las dolencias que padecía. Como siempre digo, no soy médico ni científico. Todo lo aquí expuesto me lo han enseñado personas profesionales de la salud, lo he puesto en práctica en mi propio organismo y he visto los resultados, pero recordad que cada persona es diferente, con unas necesidades diferentes y que una atención profesional adecuada será la que determine las pautas más apropiadas a seguir. Y nunca olvidéis que el dolor o los síntomas incómodos que experimentamos en nuestro cuerpo son el mensaje encubierto de que algo no marcha bien y para solucionarlo hay que hacer cambios dirigidos por un profesional.

¡Espero haberos ayudado!



jueves, 21 de abril de 2016

LA SALUD, TAMBIÉN EN LA COCINA

Tomar alimentos de calidad no es suficiente para favorecer un estado de salud óptimo si no llevamos a cabo unas cuantas prácticas de higiene en la cocina.
Muchas veces, cuando he visitado alguna que otra casa he visto cómo se sacaban carnes del congelador y se dejaban descongelar directamente en la encimera o pasaban a cocinarse al instante. También he podido observar cómo se utilizan los mismos utensilios para cortar carne y después trocear verduras con un simple lavado de agua. Por no mencionar aquellas personas que compran el  pan de masas pre-cocidas congeladas en supermercados y, al llegar a casa, vuelven a congelar ese pan que ya había sido descongelado. Todas estas prácticas aumentan el riesgo de padecer alguna enfermedad por contaminación bacteriana y disminuyen la calidad de los alimentos que ingerimos.
Todos los alimentos contienen gran cantidad de bacterias. Algunas de ellas pueden llegar a ser muy perjudiciales para nuestro organismo y producirnos graves enfermedades, por ello se hace necesario seguir algunos de estos pasos:
- Utilizar diferentes utensilios para cortar los diferentes alimentos.
- Consumir los productos fabricados o elaborados respetando sus fechas de caducidad y desecharlos en caso de observar enmohecimientos.
- Desinfectar bien las superficies donde cocinamos o manipulamos alimentos utilizando productos desinfectantes como la lejía.
- Desinfectar a menudo los estropajos, bayetas y trapos de cocina, ya que son utensilios que acumulan millones de bacterias que proliferan con la humedad.
- Lavar platos, cubiertos y vasos con agua muy caliente y, de vez en cuando, desinfectarlos con ayuda del lavavajillas o, en el caso de hacerlo a mano, utilizando lejía apta para consumo.
- Lavar los alimentos crudos con agua abundante y un chorrito de vinagre. En el caso de embarazadas bien es sabido la importancia de desinfectarlos con lejía apta para consumo.
- Lavarse bien las manos antes de cocinar y evitar tocarse la cara, el pelo, etc.
- En caso de sufrir algún proceso infeccioso, mientras cocinamos debemos cubrirnos la boca para evitar el contagio al resto de comensales.
- Respetar la cadena de frío de los alimentos, evitando mantener un producto de refrigerado o congelado a temperatura ambiente durante mucho tiempo.
- Descongelar los alimentos respetando la cadena de frío, es decir, sacar el alimento del congelador el día de antes y dejarlo en el frigorífico hasta su total descongelación.
- Evitar cocinar productos que no estén descongelados en su totalidad, ya que esto hace que al cocinarlos las partes centrales no alcancen las temperaturas adecuadas para destruir las bacterias nocivas.
- No dejar alimentos cocinados a temperatura ambiente demasiado tiempo, ya que en caso de quedar restos de bacterias, éstas podrían proliferar y producir intoxicaciones.
- Después de las comidas, limpiar los platos evitando que se queden restos en los mismos que dificultarían su limpieza.
- Nunca congelar un alimento que ya ha sido descongelado.

lunes, 4 de abril de 2016

COCINA CON COL

Iréis viendo en mis recetas que soy muy aficionada a incluir cualquiera de las coles que podemos encontrar en el mercado. Existen gran variedad que nos ayudan a preparar deliciosos y variados platos, al mismo tiempo que nos nutren y benefician nuestra salud.
La familia de las coles contiene gran cantidad de vitaminas: A, B, C, E. Son un alimento con un alto poder antioxidante y nos ayudan a eliminar toxinas del organismo. Son importantes en la prevención del cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Ayuda a reforzar los huesos y el sistema inmunológico, entre otros beneficios.
Las coles tienen un sabor muy característico, podríamos decir que tienen una "fuerte personalidad". Encontramos algunas de sabor más fuerte como las coles de Bruselas, la coliflor o el repollo y algunas más suaves como el brócoli o la col romanesco.´
Aquí podéis ver un ejemplo de coles: brócoli, coliflor verde, col kale y coles de Bruselas.
Col romanesco, sin duda, mi favorita.

martes, 29 de marzo de 2016

SOY LO QUE COMO ¿Y QUÉ ES LO QUE COMO?

Antes de experimentar todos estos cambios yo consideraba que comía medianamente bien: intentaba comer verduras, comía muchísima fruta e intentaba variar los alimentos (carne, pescado, huevos, verduras, legumbres, hortalizas, cereales y lácteos). Pues bien, ahora me doy cuenta de lo "pobre" que era mi alimentación. Mi consumo de cereales se consistía, básicamente, en arroz, trigo y maíz, de modo que todos los días comía el mismo tipo de cereal (trigo) e iba alternando los otros dos.
¿Qué pasaba con los lácteos? Sí, yo era una adicta a la leche. Pensaba que sería incapaz de dejarla. Consumía casi 1/2 litro de leche diaria, yogures y quesos de todo tipo. Me encantaban, pero...desde que los dejé, ha desaparecido toda la mucosidad que tenía en las vías respiratorias. Hace más de seis meses que no he tenido ningún resfriado importante, siendo dos o tres días los pequeños síntomas que haya podido experimentar, en comparación a las dos semanas que arrastraba antaño. La mayoría de los lácteos que consumimos a diario provienen de una industria no ecológica, donde los animales son forzados a súper producir lejos de su proceso biológico natural. Dichos animales son hormonados y tratados con antibióticos. ¡Y nosotros nos bebemos su leche! Dicen que los humanos, cuando terminamos nuestro período de lactancia no necesitamos consumir productos lácteos, pues todos los nutrientes que necesitamos los encontramos en otros alimentos. En los países asiáticos tengo entendido no consumen dichos productos. Como digo, yo no soy experta en este tema, ni puedo afirmar o desmentir químicamente los aspectos beneficiosos o perjudiciales de la ingesta de leche. Cada cual que experimente en su propio organismo. De todos modos, lo que a uno le funciona puede que a otro no. Ahora mismo he cambiado a las leches vegetales sin gluten ni frutos secos por mi particular situación, pero ya hablaremos de ello más adelante.
Hortalizas, verduras, frutas y legumbres. Consumía muchas, sí, pero ¿de qué calidad? Ya hacía tiempo que venía quejándome del escaso sabor de frutas, verduras y hortalizas, de lo difícil que es encontrar un lugar donde abastecerse de estos productos lejos de grandes superficies. Siempre intentaba acudir al mercado o a pequeñas fruterías, intentando consumir producto local y de temporada, pero me encontraba con productos perfectos, intactos, sin una mancha, un insecto, un agujero...comida perfecta y bonita, para algunos, porque para mi, las verduras, frutas y hortalizas bonitas son aquellas desiguales, con taras que muchos de nosotros no querríamos ver en nuestro plato. Productos con caracoles, agujeros, orugas, etc. Esos productos que tienes que lavar a conciencia antes de consumirlos pero que tienen un sabor incomparable e impagable. A raíz de todo lo que me ocurrió, he descubierto un mercado ecológico que tiene lugar en las inmediaciones de la Ermita de Godella (Valencia) en un paraje maravilloso. Allí puedo comprar todos los productos de temporada, de una calidad inmejorable y a un precio que nada tiene que envidiar al de los productos que se venden en otras partes (relación calidad-precio). También he encontrado algunas fruterías y verdulerías ecológicas en el Mercado de Ruzafa (Valencia), un lugar mágico donde perderse una mañana de sábado y deleitarse con sus aromas y colores. También puedo procurarme estos productos en pequeños herbolarios como el de la C/Cádiz "L'hortet". Productos del campo a la mesa, sin intermediarios y con un trato exquisito y muy humano.
Carnes y pescados. Siempre había consumido pescado fresco, del Mercado de Ruzafa y, en ocasiones, del Mercado Central, pues es de un sabor inmejorable, pero ahora evito el pescado de piscifactorías, ya que este está alimentado con piensos artificiales, hormonados y tratados con antibióticos. Se hace difícil encontrar una dorada o una lubina que no sean de piscifactoría, pero existe una gran variedad de pescado en el mercado que nos brinda la oportunidad de hacer grandes platos: rape, merluza, lenguado, boquerón, sardina, salmonete, bacalao, etc. Respecto a las carnes...¿qué me decís de ese pollo al horno que entra de un tamaño y cuando lo sacas se ha reducido a la mitad dejando la cazuela llena de agua? Pollos, terneras, cerdos, corderos, pavos alimentados también con piensos artificiales, hormonados (para que crezcan lo suficiente en 3 meses) y tratados con antibióticos.  Una vez más, en el Mercado de Ruzafa hay una carnicería ecológica "bonprof!t" que ofrece todos sus productos con alta calidad: pollo de corral (son enooormes), pavo, cordero, cerdo, ternera, hamburguesas y embutidos, carnes rellenas...todo ello sin gluten, ni conservantes o colorantes artificiales. Un servicio exquisito. Si necesitas algo en concreto te lo preparan a tu gusto para adaptarse a tus necesidades, cosa que a mi me ha venido de perlas. ¡Ah! Y también sirven a domicilio con servicio on-line. www.ecobonprofit.com
Huevos. Ecológicos. De gallinas criadas en libertad y alimentadas a la vieja usanza. Se pueden encontrar ya en muchos herbolarios y mercados, pero hay que fijarse en el código para que no os engañen. Los huevos ecológicos tienen a la izquierda de su numeración el número que indica cómo han sido criadas y alimentadas. En el caso de los huevos ecológicos al 100% el número es el cero. El color de la yema cambia radicalmente de naranja a amarillo, por no hablar del sabor. Nada que ver con el resto de huevos.
Cereales. Existen gran cantidad de cereales y los llamados pseudo-cereales que no utilizamos en nuestra cocina a diario por desconocimiento o dificultad para conseguirlos, pero hoy en día ya tenemos a nuestro abastecimiento una gran variedad de ellos, muchos de los cuales son más nutritivos, por poseer gran cantidad de proteínas y aminoácidos esenciales que otros no nos ofrecen. Debemos tener en cuenta que, el aumento de población y la demanda en las cosechas, ha transformado la agricultura tradicional en otra mucho más productiva que da respuesta a las necesidades nutricionales de la humanidad. Así pues, la original semilla del trigo o el maíz, cereales muy usados junto con el arroz, han sido modificados genéticamente para ofrecer una mayor producción, perdiendo así muchas de sus cualidades nutricionales originales. Los cereales, para empezar, es mejor consumirlos integrales, ya que estos vienen dados así por la naturaleza y es el cereal íntegro el que nos aporta el 100% de sus beneficios. Algunos de los cereales que podemos encontrar hoy en día son: el trigo, maíz, arroz (en todas sus variedades), avena, cebada, espelta, kamut, bulgur, quinoa, mijo, amaranto, teff, trigo sarraceno, tapioca. Con muchos de ellos se elaboran panes, masas, galletas y dulces exquisitos. En mi caso, puesto que no puedo consumir gluten, los cereales que consumo se reducen a: trigo sarraceno, maíz, quinoa, mijo, amaranto, arroz, teff y tapioca. Pero ¿os habéis fijado en la cantidad de cereales diferentes que podemos consumir? ¿Por qué nos centramos únicamente en dos o tres y privamos a nuestro organismo de una dieta todavía más variada? Es fácil hacerse con cualquiera de estos cereales en cualquier herboristería, a excepción del teff, que solo lo he encontrado en Herbolario Navarro, aunque también lo venden on-line algunas webs dedicadas a ello.
Después de este repaso a los diferentes alimentos que consumo os estaréis preguntando ¿Cuánto dinero hay que invertir para poder mejorar nuestra alimentación? No os voy a engañar. Es una gran inversión, pero no exagerada. Todo depende de nuestra lista de prioridades. Que levante la mano aquél que no tenga un móvil de última generación, un coche con todo tipo de comodidades, fibra óptica en casa, quien no se permita algún que otro viaje al año. Que levante la mano el que nunca se compra ropa, más de la que necesita. Pensemos también en el gasto que supone al Estado y a nuestro bolsillo el gasto médico en medicinas, tratamientos. ¿Usáis cremas hidratantes? ¿Productos de belleza? Todo ello supone un gasto enorme que no somos conscientes, o no queremos serlo, tenemos cada uno de nosotros. Cambiando nuestra dieta disminuiremos el gasto médico, el consumo de productos de belleza (pues nuestro cuerpo tendrá todos los nutrientes necesarios para estar bien hidratado y vitaminado). Además, al nutrirnos correctamente no ingeriremos más productos de los necesarios. En muchas ocasiones encontramos personas que comen muchísimo y, sin embargo, tienen carencias nutricionales porque sus organismos no funcionan adecuadamente debido a alguna enfermedad o a una dieta desequilibrada. No es necesario cocinar grandes platos ni grandes cantidades para obtener aquello que nuestro organismo necesita para funcionar cada día correctamente, pero ello no significa que vayamos a comer platos sosos o pobres. Todo lo contrario. Lo iremos descubriendo poco a poco.
Para encontrar todos los comercios, tanto mi familia como yo hemos invertido tiempo. Un tiempo fantástico que nos ha llevado a descubrir lugares y gente nueva. Es cierto que tengo que moverme de un lugar a otro para conseguir todos los productos, pero no es más que la bonita oportunidad de pasearme, oler, observar, vivenciar cada fin de semana en un entorno precioso. Seguro que vosotros, si indagáis un poco, encontraréis todo aquello que necesitéis en vuestras respectivas ciudades. ¡Que comience la aventura!