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lunes, 10 de agosto de 2020

NO TODOS LOS ALIMENTOS SON BUENOS PARA TODAS LAS PERSONAS

 Si algo he aprendido en estos casi 5 años es que la alimentación y nutrición es un tema muy complejo.

Cuando tuve que cambiar tantas cosas radicalmente de mi alimentación para sanarme del síndrome de ovarios poliquísticos, de la candidiasis intestinal, la metilación lenta hepática, el ph básico del estómago, las bacterias y parásitos "malos", el SIBO así como la inflamación sistémica generalizada, comencé a estudiar, a indagar, a buscar la forma de poder alimentarme sin dañar a mi organismo.

Introduje más verduras y frutas a través de ensaladas y de batidos. Vaya qué descubrimiento tan rico el de los batidos verdes y qué de recetas vegetarianas deliciosas pude aprender, pero no era consciente de que, sin saberlo, continuaba haciendo daño a mi organismo.

Cada persona es única y cada sistema tiene una condición particular en un momento dado. Ello no implica que siempre tengamos que seguir una misma alimentación, refiriéndome a comer los mismos alimentos.

Pongamos un ejemplo. La fruta, cualquier fruta tiene propiedades maravillosas. Están llenas de vitaminas y minerales, así como de fibra y azúcares. Pero resulta que no toda la fruta es buena para todo el mundo. Pongamos por caso una persona que tiene candidiasis intestinal o SIBO (Sobrecrecimiento bacteriano)       - Hago aquí un inciso que no quiero olvidar. He conocido personas con intolerancia a la fructosa a las que les dicen que no pueden comer fruta por esa intolerancia pero eso no es cierto. No podrán comerla hasta que solucionen el problema de base, la intolerancia, que seguramente se deba a un SIBO no diagnosticado. Pero esto tiene solución. De nuevo la falta de actualización médica y de información al paciente. Una vez solventado el SIBO, se puede reintroducir la fruta.-

Sigamos con la persona con candidiasis o SIBO. Dicha persona no debe consumir ciertos tipos de fruta, especialmente aquellas con un índide (IG) y carga glucémica (CG) altos. En mi caso, con candidiasis y SIBO durante un tiempo solo podía consumir manzana y cítricos. Aunque todas las demás frutas tenían sustancias muy beneficiosas para el organismo, en esa situación, a mi, me aportaban más aspectos negativos que positivos y ralentizaban  mi recuperación. Muchos meses después pude reintroducir el resto de frutas, pero, a día de hoy, con algunas frutas que poseen un IG alto, como la sandía o el melón, si abuso de ellas en verano, acaba desequilibrándose mi flora bacteriana y vuelta a los síntomas: cansancio, hinchazón, malestar, distensión abdominal. Y eso que me apetecen muchísimo, pero sé que no me hacen bien.

Lo mismo ocurre con las ensaladas o batidos crudos. Tienen buenísimas propiedades para el organismo, pero hay personas o condiciones orgánicas a las que consumir los alimentos de este modo les puede estar haciendo mucho daño inconscientemente. A veces es siempre, otras veces es mientras dure la recuperación.

En mi caso, comer demasiada verdura cruda en ensalada o batidos de frutas y verduras desestabiliza mi flora bacteriana y mi fuego digestivo. Todo esto lo sé porque son muchos años de estudios, de médicos y de escucha de mi misma. Soy una persona con mucho fuego interno que siente la necesidad de acallarlo con cosas frescas y crudas, pero precisamente abusar de ellas me desestabiliza y vuelta a los síntomas. Así, aunque las frutas y las verduras tienen maravillosas propiedades, cada persona debe conocer de qué modo y en qué cantidad son beneficiosas para su salud, porque de lo contrario pueden estar haciéndole más mal que bien.

Otra cosa interesante a resaltar aquí es que, no debemos dudar que frutas y verduras deben formar parte de nuestra base alimentaria, pero la forma y cantidad en que las comemos va a afectar mucho a nuestro bienestar. A veces, según la condición de la persona, es mucho mejor tomarlas ligeramente cocinadas o bien crudas. Dependerá, y todo esto solo puede decírtelo un profesional de la salud integrativa o un buen nutricionista especializado en digestivo. Tuve suerte de encontrar a Virginia en Centro Aleris Valencia, aunque lo que me aportó ya lo había aprendido estudiando por mi cuenta y en las consultas de Vicente y Esther.


Por último, aunque ya hablé de ello hace unos meses en otro post, está el tema de las legumbres. Muchas veces queremos, por valores morales, llevar una alimentación más vegetariana porque cada vez son más las personas que apuestan por ella y sabemos los beneficios para con el medio ambiente. Pero aquí volvemos a lo mismo. Apostar por una alimentación vegetariana te lleva a tener que aumentar el consumo de proteína vegetal a través de las legumbres. Éstas tienen también muchas propiedades beneficiosas para el organismo, pero dependerá de nuestra condición intestinal. Hay personas que su fuerza digestiva o la salud de su intestino no les permiten consumir legumbres, otras pueden hacerlo sin pasarse y otras pueden comerlas sin problemas. De ahí que, a veces, encontremos muchas personas hablando de las maravillas de las legumbres pero ciertas personas dañen su estado de salud consumiéndolas porque su organismo no está preparado para ello.


Con todo esto quiero decir que, aunque veamos a personas que consumen determinados alimentos, sigan un tipo de alimentación, elaboren ciertas recetas, nosotros y nosotras no debemos seguir a pies juntillas lo que vemos, pensando que nos va a sentar bien, ni tampoco creernos todo lo que vemos por ahí, porque aunque es cierto que una alimentación basada en vegetales y hortalizas debería ser una obligación para todos y todas, aunque las pirámides alimentarias obsoletas digan lo contrario -pero ya sabemos la de intereses que hay detrás de todo esto-, va a depender de nuestro estado orgánico que nos sienten bien unas formas u otras de prepararlos o consumir ciertos alimentos. Podemos poner en grave peligro la salud de las personas si no se tienen en cuenta muchos factores. Para ello, como siempre digo, es imprescindible acudir a un profesional integrativo, el cual analizará todos tus sistemas para ver si tienes déficit en alguna vitamina o mineral, si tu hígado funciona bien en las tres fases de eliminación (metilación, sulfatación y glucoronidación), si el ph de tu estómago es el correcto y hay ausencia o no de bacterias perjudiciales, si sufres inflamación sistémica generalizada y su origen, si tus vellosidades intestinales están bien o no, si tienes colonizado el instestino por el hongo candida, si hay desequilibrio en la flora intestinal (disbiosis intestinal), si existe algún tipo de intolerancia como por ejemplo, al gluten, si tu sistema hormonal está equilibrado. Con toda esta información te adaptará la alimentación a tus circunstancias personales y te recomendará formas de cocinado que te irán bien a ti, en tu caso particular.


Así pues, aunque me veas compartiendo recetas saludables, aunque veas en diferentes medios algunos hábitos alimentarios que pueden ser muy beneficiosos, primero escúchate y si quieres cambiar a una vida saludable, analízate y pide ayuda. Anota síntomas, obsérvate. La alimentación influye directamente en nuestro estado de humor, en nuestra energía, en nuestras reacciones. Así, por ejemplo, una persona reactiva, acelerada, impulsiva, como yo, deberá nutrirse a través de platos que la calmen, como verduras dulces cocinadas, cremas suaves, algún alimento un poco crujiente que le calme esa ansiedad y nerviosismo, pero huir de otros como exceso de fríos, de crudos, estimulantes como el chocolate, café o té o especias que calienten como el jengibre, la pimienta, el picante, la canela.

No es sencillo, para nada. Aunque yo pueda orientarte y contarte mi experiencia y aprendizajes a través de los cursos de extensión universitaria que he hecho y de las publicaciones científicas que leo, te recomiendo acudir a un buen profesional. Y yo, no lo soy, de momento. Solamente me fascina la biología, la nutrición y poder ayudarte a encontrar lo que necesitas, dándote esperanzas y haciéndote saber que las patologías que te etiquetan son curables, para lo que sigo formándome y estudiando a diario. Puedo orientarte y hacerte ver cosas que quizás no sabes y puedo decirte que sí, puedes curarte, puedes estar en tu peso y puedes mejorar tu calidad de vida si sabes cómo.


Sigamos compartiendo para que más personas puedan mejorar sus vidas. 

viernes, 1 de mayo de 2020

¿QUÉ TIPO DE DIETA DEBO SEGUIR?

Hace unos años, cuando enfermé, hice un cambio radical en mi forma de nutrirme. Cambié los alimentos convencionales por alimentos ecológicos y eliminé muchos procesados, azúcar, gluten y lácteos.

En aquel momento, la alimentación no solo cambió mi forma de mejorar mi salud sino también mi conciencia social y los efectos que mis actos y decisiones tienen para con el medio que me rodea. Entonces quise transformar mi alimentación hacia una dieta lo más vegetariana posible, así que introduje muchas legumbres y cereal integral y reduje muchísimo la proteína animal. Había leído mucho sobre los beneficios de la dieta vegetariana y quería contribuir moralmente al cuidado del medio evitando el sobrecoste de producción medioambiental en todas sus vertientes, pero mi intestino no podía con ello. Mi forma de nutrirme hasta entonces había maltrecho realmente mis paredes intestinales y era incapaz de digerir y absorber bien los nutrientes de una alimentación vegetariana, así que seguía teniendo carencias nutricionales y me sentía todavía cansada. Mi médico me explicó que mi intestino tardaría unos 10 años en recuperarse del todo y que en ese proceso el cambio de alimentación debía ser gradual, siempre escuchándome y viendo cómo reaccionaba físicamente, así que volví a introducir más proteína animal, pero SIEMPRE de primera calidad.

Así, a día de hoy, mi alimentación tienen una base vegetal muy marcada, pues los estudios vierten que cualquier dieta, ya sea vegana, vegetariana, paleo, omnívora, etc. debe regirse por un predominio del 70% vegetal: frutas, verduras y hortalizas frescas. A partir de ahí, las dietas pueden o no incluir proteína animal y todas, bien llevadas y escuchando las necesidades físicas de cada persona única e irrepetible, pueden ser saludables, siempre y cuando los alimentos elegidos sean frescos y de primera calidad. Desde luego, una persona omnívora que consume proteína animal de baja calidad, como la que se vende en la mayoría de supermercados y grandes superficies, es más que probable que acabe pagando las consecuencias a nivel de salud.

En mi caso, mi dieta es bastante vegetariana: dos veces a la semana cereal integral, dos raciones de legumbres, 1 ó 2 raciones de huevo (depende de la semana), 1 ó 2 raciones de pescado (mayoritariamente pequeño y nunca de piscifactoría) y 1 ración de carne a la semana o quincenalmente. Con ello, teniendo en cuenta que practico el ayuno intermitente y suelo realizar tan solo dos ingestas diarias, cubro mi menú semanal. Y en cada plato hay un 70% de verduras  (crudas y cocinadas). A diario semillas, fruta y frutos secos.

Esta dieta me ha permitido mejorar los niveles de muchos nutrientes que estaban bastante deficientes y mejorar mi estado físico y mental. Elijo productos de primerísima calidad, que resultan bastante caros, comparados con los productos de baja calidad, pero es que estos productos tienen dichos precios por los procesos de producción tan poco respetuosos con el medio y la salud humana. Y, puesto que he reducido muchísimo la proteína animal y la cantidad de comida que ingiero, al final, invierto una cantidad un poco superior a la de antaño, pero mi salud es infinitamente mejor. 

Con esto no quiero despretigiar los beneficios de cualquier tipo de pauta alimentaria o dieta, sino simplemente abrir mentes y llamar al respeto hacia las decisiones de los demás seres humanos. Veo muchas campañas y muchas personas enfadadas o crispadas con otras por elegir una determinada dieta, veo linchamientos verbales contra personas que se alimentaban de un modo y han cambiado a otro modo. Cada uno tenemos nuestras circunstancias, nuestro organismo y no a todo el mundo le sientan bien las mismas cosas. Lo que sí es básico es llevar una alimentación basada en alimentos frescos, de temporada, de kilómetro cero, de producción respetuosa con el medio, donde primen los vegetales, frutas y hortalizas, así como lo integral y haya una conciencia de lo que se come, de dónde viene, cómo se produce, qué personas trabajan y en qué condiciones, cómo se deja el campo después o qué ocurre en los mares, si los precios que se pagan son justos o injustos, así como tomar conciencia de que la mayoría de la población está sobrealimentada y esto no tiene nada que ver con estar gordo o delgado; la mayoría de la población come de más y, sin embargo, está desnutrida. Debemos aprender a comer, aprender a detectar qué es tener hambre y comer solo lo necesario para mantenerme ágil, fuerte, despierto o despierta, con la mente despejada y no depender de la comida para sanarme emocionalmente aspectos que nunca encontrarán solución en los alimentos, por muy ricos que estén al paladar. Y como ya he dicho muchas otras veces, el paladar se educa o se reeduca. Algo que es imprescindible para la mayoría de la población de hoy en día.

martes, 31 de octubre de 2017

LA MODA DE LAS DIETAS Y COMPLEMENTOS

Hoy en día parece que el tema de la alimentación y las dietas está de moda, tristemente, porque considero que la alimentación no debería ser una moda, ni un privilegio, sino un derecho de todo ser humano y un deber para la sociedad tener conocimientos básicos sobre ella  que permitiesen llevar a cabo hábitos de vida saludable, pero como todo ello supondría la caída de gigantes económicos o el esfuerzo que tendrían que hacer para reinventarse a favor de la salud humana pues, desgraciadamente, podemos decir que la alimentación saludable es un privilegio al alcance de los pocos que pueden permitírselo o que se interesan por su propio pie en formarse o conocer aspectos importantes, poniendo en su escala de valores, en los peldaños superiores, algo tan importante como es la propia salud.
En esta línea quería narraros un hecho que le ocurrió el otro día a unos amigos:

Iban paseando tranquilamente, por la calle cuando una chica muy amable les paró y les ofreció probar unos batidos, que como ahora están tan de moda es algo que engancha a la gente. A ellos les supo mal y como están muy puestos en temas de alimentación saludable y, de vez en cuando sus batidos de frutas y verduritas se hacen, caseros, pues entraron al local a probar. Para empezar la chica les preguntó si tenían alguna intolerancia, a lo que mi amiga le respondió que a la lactosa, así pues le sirvió un sobrecito, de polvos, imagino, con el que se elaboraba el batido. Tras su cata tuvieron que abonar el importe  de los sobres que tenían que llevar a casa y, según decía la chica, si no les convencía podían pasar otro día y les devolverían el dinero. Les supo mal y se lo llevaron. Me contaba mi amiga que la tarde que pasaron no se la desean a nadie: el batido llevaba lactosa. Así pues volvieron a la tienda a recuperar su dinero, ya que no habían abierto ninguno de sus sobres. La chica no puso reparo, no sin antes explicarles que tenían opción sin lactosa -ara mare, que dicen en mi tierra- pero antes de que ellos se marchasen les insistió miles de veces que si pensaban que a alguien le podía beneficiar ese producto no dudasen en hacerle propaganda." 

Fin de la anécdota. 

Estoy harta de ver en las redes sociales que si los súperalimentos, los batidos por aquí y por allá, las recetas milagro, los complementos, las aberraciones nutricionales de ciertas celebrities, la eliminación de grasas saludables en su totalidad, la eliminación de los hidratos de carbono de todo tipo, etc....sin ir más lejos...ahora he descubierto alguna que otra dieta que trabaja con la formación nutricional del paciente pero, al mismo tiempo le obliga a comprar complementos, con lo cuál, el paciente que mejora muchísimo su nivel de salud debido al cambio de hábitos, no tiene dicha conciencia, sino que corre el peligro de pensar que todo se ha debido al uso de ciertos complementos.

Voy a ir por pasos. 

No hay dieta más saludable que aquella en la que se consumen productos locales, de temporada y frescos, en la que la mayor parte de la ingesta diaria está compuesta por fruta y verdura. A partir de aquí cada uno tiene unas particularidades que un buen profesional debe analizar con un estudio completo del paciente desde el mismo momento de su nacimiento con entrevistas completas que tengan en cuenta todas y cada una de las patologías que se han padecido y su evolución, así como el ambiente en el que se vive, la genética familiar, el estrés, el deporte, etc. Así pues no podemos decir que tomar batidos de fruta y verdura todos los días sea igual de saludable para todo el mundo porque dependerá del tipo de organismo: si tu intestino es de energía fría y tomas batidos no te sentirás igual de bien que si tomas cosas calientes y viceversa. Esto, por lo general, de manera natural lo vamos haciendo, porque hay gente a la que no le sientan bien las cosas calientes y gente que, por el contrario no le sientan bien las cosas frías, aunque a veces es difícil de detectar y se cometen "errores" inconscientes que pueden subsanarse con un estudio completo.

El tema de los súperalimentos es otro de los puntos que requiere mi atención. Hoy en día se han puesto de moda muchos súperalimentos, que son alimentos con propiedades beneficiosas para el organismo, como tantos otros productos que tenemos al lado de nuestras casas y no son tildados de tal, como podría ser el ajo, la cebolla, el orégano, etc. Estos súperalimentos proceden en muchos casos de países lejanos, con lo que para poder consumirlos aquí han tenido que viajar miles de kilómetros con todo lo que ello supone. Sus propiedades son beneficiosas, pero aquí tenemos muchos otros productos que también lo son y no es necesario consumir dichos súperalimentos para obtener los efectos deseados. Si una persona lleva una dieta saludable, rica en verduras locales de temporada y ecológicas, frutas, frutos secos, semillas, cereales INTEGRALES, legumbres, especias y hierbas y, si se quiere, huevos ecológicos, pescado salvaje de temporada y algo de carne siempre ecológica, con esporádico consumo de dulces y procesados, no necesita más súperalimentos. Si te quieres hacer un batido, háztelo, pero no necesitamos añadir súperalimentos para obtener todos sus beneficios y propiedades. Simplemente hay que tener en cuenta nuestra propia situación y adaptarlo a nuestras necesidades para no forzar nuestro sistema inadecuadamente.

Por otro lado, los hidratos de carbono son necesarios para la vida. Si no se consumen hidratos de carbono suficientes el organismo pasa a transformarlas grasas primero y las proteínas después en hidratos, suponiendo una pérdida de masa muscular y otros peligros tales como la falta de disponibilidad de proteínas para reparar tejidos, producir células, formar estructuras, entre otras. Así pues hay que consumir hidratos, pero de calidad: el que encontramos en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales (nunca refinados a no ser que tengas el sistema digestivo débil y te encuentres en proceso de recuperación). Claro está, los hidratos obtenidos de productos industriales, bebidas refrescantes, bollería, cereales de desayuno, zumos, cacao soluble para el desayuno, batidos industriales, salsas, chocolates con leche y azucarados, platos precocinados no son los mejores para favorecer un buen estado de salud.


La eliminación de las grasas saludables de la dieta es una auténtica aberración. No entiendo esas dietas que siguen personajes famosos donde están completamente prohibidos los frutos secos crudos y sin salar, las semillas o los aguacates y aceites de calidad. En cambio se potencia el consumo de grasas de origen animal y proteína animal a diario. La grasa es imprescindible para el buen funcionamiento del organismo (ya hablaremos de ellos en otro post), pero ésta debe ser de calidad y, a día de hoy, mucha población no tiene claro que existen unas grasas buenas e imprescindibles y se vuelca en dietas pobres en ellas donde la tónica son ensaladas, hervidos (con verdura demasiado hervida que ha perdido sus vitaminas y minerales), arroz blanco y pechuga de pollo asada o pescado a la plancha.

Y ya por último, en contra de estas dietas que ofrecen mejorar la salud con ayuda de complementos, añadir que no necesitamos ningún complemento para mejorar nuestra salud. Actuar de este modo supone que el paciente no va a tener el control de su propio proceso y corre el peligro de confiar en el trabajo del complemento, con lo que, en caso de volver a recaer en el futuro, recurrirá al mismo complemento. El mismo trabajo que realizan en estos proyectos, el cuál es muy loable y de agradecer, pues están formando a personas en conocimiento de salud y alimentación, puede hacerse igual, pero sin la necesidad de hacer gastar el dinero en un producto que es completamente innecesario. Lo que sí es necesario es que la persona se conozca a si misma, que analice su situación, sus dificultades con respecto a la alimentación, cómo se siente en cada paso, que se siente capaz de hacer y qué no, que exista una evaluación de los pasos dados junto a una correcta formación y una escucha activa del orientador hacia su paciente. Todo ello, poco a poco, llevará a la persona hacia unos cambios de hábitos, le van a empoderar haciéndole responsable de dichos cambios y de los avances que vaya consiguiendo. Así pues, no os dejéis encandilar por sistemas rápidos que intentan vender productos completamente innecesarios. Interesaros por el tema de la alimentación, preguntad, leed, cuestionad, vivid en vuestro propio organismo y si lo necesitáis, buscad alguien que os oriente y un buen profesional que os haga un análisis completo para ver vuestras carencias, vuestro sistema, vuestras particularidades, lo que es bueno para vosotros y lo que no.

Dicho queda.


jueves, 11 de mayo de 2017

ALIMENTACIÓN Y DESNUTRICIÓN

Hace tiempo que vengo observando en mi lugar de trabajo, a diario o en reuniones de amigos, en el día a día, cómo las comidas principales se llevan a cabo sin ton ni son, sin criterios e información en la mano que permitan a la población alimentarse de forma correcta. Es muy común escuchar que hay que comer de todo para tener un plato equilibrado y evitar carencias nutricionales. 

Por otro lado, observo cómo aquellos que realizan una comida copiosa, combinando todo tipo de alimentos se muestran o sienten mucho más perezosos o cansados ante el trabajo de la tarde, sintiéndose somnolientos o amodorrados o con pocas ganas de volver a la jornada. 

También conozco muchas personas a las que les cuesta muchísimo arrancar por las mañanas y no es hasta media mañana que no empiezan a tener energía y se muestran de mal humor o apáticos, como si la jornada que tienen por delante les costase la vida.

¿Eres de los que se siente cansado después de comer? ¿Te levantas sin energía, de mal humor o apático?

Muchas personas achacan estos síntomas a los cambios de estación, el estrés, la falta de sueño, todos ellos motivos suficientes para sentirnos poco enérgicos, pero existe una razón que va más allá y es la alimentación.

Cuando en una misma comida ingerimos cereales, que por lo general son refinados, proteína animal, proteína vegetal, féculas, postres azucarados, pan, etc. nuestro organismo se siente satisfecho, pero, al mismo tiempo, está más que saturado. No necesitamos tanta comida para funcionar y encarar las actividades diarias. Resulta paradójico pero cuanto más comemos menos energía tenemos. Y esto ¿a qué se debe?

Cuando ingerimos gran cantidad de alimento y mezclando un poco de todo, nuestro sistema digestivo necesita mucha energía para digerirlo y mucho más tiempo para hacerlo. Ello implica que dicha energía no va a estar disponible para realizar otras tareas y nos sentiremos cansados, somnolientos y sin ganas de hacer nada.  Del mismo modo, si al llegar la noche cenamos tarde y una cena donde aparezcan la proteína animal, un poco de todo o gran cantidad de alimentos, nuestro organismo, que durante la noche, mientras dormimos, realiza la función de limpieza, va a tener que invertir gran cantidad de energía en digerir unos alimentos que no necesitamos, puesto que vamos a irnos a la cama y no vamos a consumir tanta energía -suponiendo que tengamos un estilo de vida diurno-. Si, además, cenamos tarde o nos vamos a la cama sin haber hecho la digestión (2 horas mínimo, 3-4 si ingerimos carne), impedimos que el organismo realice dicha función de limpieza de modo correcto, puesto que está digiriendo la cena, por lo tanto, al día siguiente nos levantaremos cansados y nos costará mucho arrancar el día.

Es ilógico que aún hoy sigamos realizando comidas donde se mezcle carne, huevos, pescados, féculas, cereales refinados, pan, salsas, postres azucarados. Tendría sentido si viviésemos en una sociedad donde solo se realiza una comida al día y donde hubiese carencias de alimento, pero no ahora.

También se suele escuchar que hay que comer de todo para evitar carencias nutricionales y mejor si ese todo está incluido en un mismo plato. Lo que ocurre es que cuando sometemos al sistema digestivo a esos esfuerzos a diario, con comidas copiosas donde mezclamos todo tipo de ingredientes, nuestro sistema empieza a padecer inflamaciones. Un órgano inflamado no puede trabajar correctamente y a la larga dará lugar a algún tipo de patología. 
Si nuestro intestino está inflamado no puede realizar correctamente la función de absorción de nutrientes porque, probablemente padezca un desajuste en la flora intestinal y todo lo que ello conlleva. Si no existe una correcta absorción de nutrientes consecuentemente van a existir carencias nutricionales. Así pues, se puede estar obeso o no, comer de todo en cada comida y tener carencias nutricionales importantes, además de sensación de cansancio, falta de sueño, sueño poco reparador, dolores de cabeza entre otros muchos síntomas.

Hay que tener en cuenta que es necesario comer de todo pero distribuyéndolo en pequeñas ingestas a lo largo del día y recordando siempre la proporción 1/3 de hidratos de carbono de calidad o proteína vegetal o animal 2/3 de verduras y fruta y reducir al máximo el consumo de proteína animal en pro de la proteína vegetal.




lunes, 19 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ YA NO VALE COMER COMO ANTES?

Una de las reflexiones que más ha rondado mi cabeza desde hace 10 meses, tras el cambio en mis hábitos de alimentación, el paso por diferentes nutricionistas y profesionales de la salud, los cursos y charlas a las que he acudido y las lecturas de muy diversa índole y opiniones encontradas, es el por qué ya no sirve comer como lo estamos haciendo en la sociedad actual.

Si nos paramos a reflexionar en los menús que elaboramos a diario en nuestras casas podemos pensar en una comida que incluye ensalada, un primer plato que puede ser: pasta (refinada), legumbres, sopa (de pasta refinada), arroz(refinado) (y en el mejor de los casos algún otro cereal), un segundo plato compuesto por algún tipo de carne, huevos o pescado y postre: fruta o dulce y en ocasiones fruta y dulce. 
Estos menús que tomamos a diario suelen tener una cantidad de calorías que supera con creces las necesidades de nuestro organismo atendiendo a las actividades que hoy día realizamos, a no ser que ajustemos las proporciones a nuestra necesidad. Además, en un mismo menú se suelen combinar hidratos de carbono, proteínas y frutas que tomados en una misma comida dan como resultado flatulencias y digestiones pesadas, como por ejemplo la ingesta de legumbres con proteína animal o la sandía y melón tras la comida. Existen alimentos que tomados con otros en un mismo plato dan como resultado pesadez y gases. ¿Quién no se ha sentido a punto de estallar después de tomar un buen puchero o una fabada asturiana? ¿Quiere esto decir que es malo tomar estos platos? Bajo mi humilde opinión, no creo que sea contraproducente tomar dichas recetas siempre y cuando no sea la tónica diaria.

Tal como apuntaba E. Gornati, si nos remontamos unos 60-100 años atrás, pensando en nuestros abuelos y bisabuelos ellos solían tomar platos hipercalóricos como estos, pero ojo, no todos los días. Nuestros bisabuelos vivían en una época de escasez donde no todo el mundo podía permitirse el lujo de matar un pollo cada semana, un cerdo o cualquier otro animal. Muchas familias no tenían recursos económicos para poder comer carne de ternera o cordero. Por otro lado, aquellos que tenían medios cuidaban sus propios animales para consumo alimentándolos con preparados, pastas, papillas, piensos y forrajes hechos en casa con mimo y cuidado o de mejor calidad que los que se usan hoy en día, y el tiempo de cría era mucho mayor, comparándolo con el tiempo que se tarda hoy - 3 meses para un pollo en la actualidad, 1 año para hace un siglo-. Lo mismo ocurría con el pescado. Así pues, a diario solían cocinarse platos con verduras, legumbres, restos de carne de alguna matanza realizada ocasionalmente o de comidas especiales y los platos más contundentes como podrían ser la paella, el cocido, las legumbres con bacalao o embutido se reservaban para días especiales o algún fin de semana.  
Centrémonos, por otro lado, en el tipo de actividad diaria que realizaban por aquel entonces. Generalmente, en aquellos años la actividad laboral requería un mayor desgaste físico: trabajos agrarios, turnos extenuantes en fábricas, entre otros. Dicho desgaste físico hacia necesario un mayor aporte calórico que permitiese recuperar la energía consumida. Pero, ¿hoy en día seguimos realizando ese tipo de tareas?

La situación actual es cualitativamente diferente en ambos sentidos: por un lado, la actividad agraria y los turnos de fábricas se han visto disminuidos en gran medida, aunque todavía existe un gran número de personas en dichos empleos, pero no podemos obviar que la tendencia gira hacia un trabajo en el que la mayor parte del tiempo estamos sentados, frente a un ordenador, en una oficina. El trabajo de campo y en fábrica se ha visto simplificado por los grandes avances tecnológicos que hacen más sencilla la labor de cultivo, crianza, cosecha, almacenamiento, distribución y fabricación. Cambios que repercuten en las necesidades energéticas y nutricionales de nuestro organismo. 
Por otro lado, las mejoras en la calidad de vida, el aumento de empleos, los mejores sueldos, las comodidades, el creciente aumento en la producción de alimentos procesados industriales a precios muy asequibles, las facilidades en exportación e importación de productos, el aumento en la demanda de productos cárnicos que vino seguido de la necesidad de producir a un nivel mucho mayor para dar respuesta a la demanda, la introducción de piensos procedentes de cultivos de baja calidad para la ganadería destinada a consumo humano, la creciente demanda de cereales, frutas, legumbres, vegetales, entre otros, han hecho que tengamos a nuestra disposición un sinfín de "alimentos" que ingerimos a diario en amplios menús que nos aportan, por un lado, un gran número de calorías que no vamos a gastar y, por otro lado, nutrientes empobrecidos por el descenso en calidad del producto alimenticio.

Hoy en día no necesitamos comer todos esos platos en un mismo menú. ¿Que están ricos? Sí. ¿Nos sentimos llenos y satisfechos después de tomar un menú completo? Sí y no. Satisfechos momentáneamente puesto que cuanto más comemos más nos pide el organismo en una espiral sin fin, e insatisfechos puesto que la sensación de pesadez constante, que ralentiza nuestra actividad y disminuye nuestra energía, no nos deja disfrutar de un estado físico y mental brillante.

Creo, después de mi experiencia personal, que no es necesario tomar enormes platos de alimento donde estén presentes todo tipo de nutrientes, sino a lo largo del día, ofrecer al organismo alimentos que nos los aporten: hidratos, proteínas, minerales, vitaminas, enzimas. Llevar una dieta variada y equilibrada a lo largo del día donde estén presentes, mayoritariamente las frutas y verduras, acompañándolas, a lo largo de la jornada, de todos los demás alimentos. También debemos tener en cuenta que, si bien carnes, pescados y huevos son fuente importante de proteínas, también podemos encontrarlas en otros productos como legumbres y frutos secos, por tanto creo que es recomendable hacer un consumo responsable de carnes, pescados y huevos e ir alternando el tipo de alimento ingerido cada día. Y por encima de todo, tratar de consumir productos de calidad de procedencia ecológica, para disminuir al máximo el consumo de tóxicos, hormonas, antibióticos o restos de cualquier sustancia que no esté presente de forma natural en los alimentos ingeridos.

Pero como siempre digo, cada persona tiene una situación particular y requerirá de un aporte energético y nutritivo individual, por lo que será necesario observarnos y escucharnos de modo que encontremos el punto de equilibrio que nos permita sentirnos enérgicos y sanos.

lunes, 4 de julio de 2016

ESCUCHA A TU CUERPO

Ya no suelo ir a comprar a grandes superficies ya que es muy difícil encontrar allí productos de alimentación de buena calidad, pero, a veces, todavía encuentro algún producto que necesito. Últimamente me fijo muchísimo en el tamaño de los pasillos y en qué tipo de productos se localizan en las estanterías más grandes o largas, como por ejemplo las interminables neveras de lácteos. Los hay de todas las marcas y tamaños: naturales, azucarados, edulcorados, 0% grasa, sin lactosa, con frutas, con aromas, líquidos, mousse...y así hasta un sinfín. También puedo pasarme un buen rato en la sección de la leche: leche de vaca entera, semi, desnatada, sin lactosa, con calcio añadido, con vitamina B, con omega 3, leches vegetales con calcio, edulcoradas, etc. Y qué decir del pasillo de los cereales: con chocolate, con azúcar, sin azúcar pero malteados, refinados, integrales, enriquecidos con vitaminas, light, con forma de estrella, de concha, de arroz, bolitas, copos...


Y ahora es cuando viene mi reflexión. Cuando el cuerpo habla y una persona no puede tomar leche con lactosa porque no la tolera y le sienta mal, el organismo está dando un mensaje de que ese alimento no es bueno para él y que ya ha llegado a su límite de tolerancia, está sobrecargado en ese sentido. Así pues, no es necesario seguir tomando dicho alimento, ya que, por mucho que nos digan o nos intenten vender, el calcio y las proteínas que ésta tiene los podemos encontrar en otros muchos alimentos que, por cierto, tienen niveles superiores en su composición y mejor absorción. Cuando una persona no tolera la lactosa su estómago debe segregar unos determinados enzimas y jugos gástricos creando una película en el estómago para poder digerir y descomponer dicha proteína. Este proceso acidifica todavía más -ya que la digestión de la leche acidifica- y obliga al organismo a buscar ayuda en los minerales para equilibrar el nivel de ácido orgánico, produciéndose una desmineralización (pérdida de calcio, fósforo, etc.). 

Del mismo modo, el ser humano no necesita consumir azúcares añadidos para obtener energía, ya que frutas, verduras, hortalizas, legumbres y cereales aportan los hidratos de carbono necesarios para el funcionamiento en el día a día. Así pues, ¿por qué añadirle azúcar a los productos de alimentación cuando el azúcar no nos aporta minerales, sino calorías vacías?
El azúcar nos ofrece una fuente de energía rápida, muy útil en ocasiones como grandes esfuerzos físicos o bajadas de azúcar, pero éste puede obtenerse de manera natural con los productos que nos ofrece la naturaleza. El azúcar añadido a los productos alimenticios produce una subida de glucosa en sangre rápida, pero, de igual modo la bajada se produce a dicha velocidad. Estas continuas fluctuaciones obligan al organismo a poner en marcha un complejo sistema de reacciones bioquímicas en las que entran en juego los minerales,  tan importantes para mantener el correcto funcionamiento del organismo, produciéndose de nuevo una desmineralización. Del mismo modo, las subidas de glucosa en sangre, obligan al páncreas a segregar grandes cantidades de insulina. Cuando el páncreas es obligado a trabajar en exceso durante mucho tiempo puede verse sobrepasado y dar lugar a los conocidos problemas diabéticos. De ahí la importancia de consumir hidratos de carbono de asimilación lenta - producen una secreción de insulina lenta y mantienen el nivel de energía disponible durante más tiempo, evitando subidas y bajadas y, con ello el desfallecimiento o entrada de hambre repentina-. En este sentido cobran gran relevancia los cereales integrales. Éstos poseen gran cantidad de nutrientes: minerales, vitaminas, hidratos de carbono y fibra. Por el contrario, los cereales refinados están desprovistos de su capa externa, la cuál contiene la mayor parte de dichos nutrientes, y éstos solo nos aportan gran cantidad de almidones, lo que, de nuevo, hace fluctuar la glucosa de manera incontrolada.

¿Qué sentido tiene edulcorar un producto de forma artificial, tanto con azúcar como con edulcorantes, si ésto no nos aporta nutrientes? Todo lo contrario, nos los "roba" para poder equilibrar todo el sistema. Entonces ¡qué gran incongruencia!: comemos para nutrir a nuestro organismo, pero los alimentos que tomamos lo desnutren.

¿Qué sentido tiene procesar un alimento natural para eliminar ciertos componentes que nuestro organismo no tolera, desnaturalizándolo, pudiendo tomar otros muchos productos naturales que nos ofrecen lo que nuestro cuerpo necesita y nos ayudan a aumentar nuestra energía y mejorar nuestro estado de salud? 

¿Por qué enriquecer los productos con calcio, vitaminas, minerales y, por otro lado, consumir otros que nos están desmineralizando? ¿ No es más sencillo evitar los productos que desnutren nuestro cuerpo y tomar aquellos que lo nutren de manera natural sin aditivos químicos?

Muchos os estaréis preguntando ahora por el placer para los sentidos que suponen todos estos productos de los que hablamos pero, ¿comemos por placer o por necesidad biológica? Hay que pensar que la primera razón de la alimentación es la supervivencia y, después, el placer. Pero no por eliminar dichos alimentos vamos a llevar una dieta sosa, aburrida, desaborida y pobre, sino todo lo contrario. Como ya apuntaba en otra de mis entradas, el paladar se reeduca y comienzas a disfrutar de la comida de verdad, experimentando sabores no conocidos hasta ahora- pensemos en un bebé, en sus primeras papillas, en cuán desarrolladas y sensibles tiene sus papilas gustativas-.

Así pues, escuchad a vuestro cuerpo, porque él os habla y os dice qué necesitáis en cada momento. Sé que resulta complicado al principio, pues la industria alimentaria no nos lo pone nada fácil, con constantes anuncios publicitarios diciéndonos lo que "realmente" necesitamos para sentirnos bien, vendiéndonos imágenes y productos llamativos que con tan solo mirarlos se te hace la boca agua. Juegan con nuestra fuerza de voluntad e ignorancia en materia nutricional y nos hacen pensar que consumiendo dichos productos estamos favoreciendo nuestra salud, pero nada más lejos de la realidad. 

No hacen falta grandes dietas ni restricciones para mantener un cuerpo sano y en su peso ideal, cargado de energía y vitalidad, un equilibrio físico y mental envidiable y una comunión excelente con la naturaleza. Tan solo es necesario consumir productos naturales, de temporada, libres de aditivos químicos, lo mínimamente posible procesados industrialmente, 100% ecológicos, caseros...alimentarnos de comida real que nos aporte nutrientes reales y un perfecto equilibrio biológico.

martes, 21 de junio de 2016

LA ALIMENTACIÓN, UN TEMA MUY CONTROVERTIDO

Cuando hablamos de alimentación saludable nos adentramos en un mundo muy controvertido, lleno de investigaciones que apuestan por unas determinadas corrientes frente a otras que defienden totalmente lo contrario o que apuestan por un punto intermedio:

- Vegetariana
- Flexivegetariana
- Vegana
- Crudivegana
- Paleodieta
- Dieta de combinación
- Sin azúcar
- Sin gluten
- Sin lácteos
- Sin procesados
- Alcalina
- Etc.

Son solo algunos de los ejemplos de las distintas dietas que podemos encontrarnos hoy en día en el mundo de la alimentación. Todas ellas tienen teorías y estudios científicos que las respaldan y, del mismo modo, detractores que sacan a la luz posibles deficiencias nutricionales para el organismo.

Siento si me reitero demasiado en este tema, pero quiero aclarar que cuando expongo algún tema en los diferentes posts, no pretendo en ningún momento sentar base científica de lo que escribo, pues como ya sabéis no estudié medicina, ni biología, química, física, farmacia o nada que tenga que ver con el campo de la salud y alimentación. Aterricé en este "mundo" fortuitamente cuando se me diagnosticaron alergias alimentarias a casi todas las frutas, verduras, cereales, legumbres y lácteos y después de haber pasado unos cuantos años (15) sufriendo diferentes dolencias en mi organismo para las cuales solamente había recibido tratamiento médico paliativo y un " a ti te ha tocado un organismo que funciona así", "eso sale porque sí, no hay explicación científica". Ahora me doy cuenta de que nunca se me preguntó qué tipo de dieta llevaba y nunca se me había informado de cómo unos u otros alimentos pueden ayudarte a sentir mejor. El diagnóstico de mis alergias reducía la ingesta de nutrientes por mi parte a casi nada y dejaba en manos de los complementos alimenticios la aportación necesaria de vitaminas y minerales. Así pues, palabras textuales de diferentes médicos que visité para comparar opiniones "esto es para toda la vida y no quiero que vuelvas a comer de esto nunca más". Os imagináis cómo me quedé, ¿no?
Pero una tiene dos opciones, acatar y sentirse vencido sabiendo que vas a llevar medicación de por vida, con la carga física y emocional que eso supone o plantarle cara a la situación y ponerse a investigar. Yo opté por lo segundo y mi camino me llevó a dos grandes profesionales que me han orientado y me siguen enseñando pautas y hábitos de alimentación saludable, así como aquellos alimentos que más favorecen mi salud y me ayudan a sanar. Después de ello he ido leyendo muchísimo, tanto libros como artículos, blogs, sigo a diferentes nutricionistas, a personas que han pasado una situación similar a la mía y han sanado con la alimentación, veo documentales e intento informarme acerca del porqué me ocurrió lo que me ocurrió y cómo los hábitos de alimentación me ayudan a curarme. Siguiendo estas pautas que he ido aprendiendo las alergias han desaparecido casi por completo y digo casi porque aún estoy en proceso de reintroducción de alimentos, y todos los dolores físicos y síndromes que padecía han desaparecido. Mi lengua, que siempre había estado llena de granos, manchas blancas, rojeces y yagas está rosada y lisa y no se me inflama ni me duele cuando como (nunca la había tenido así). Son tantas las cosas positivas que he obtenido de estos cambios, que no se me ocurre mejor forma que compartir todo lo que estoy aprendiendo con vosotr@s. Pero ello no quiere decir que a todo el mundo le sirvan las mismas pautas. Siempre os recomiendo que, ante cualquier enfermedad, malestar, dolor o ante cualquier intención de cambiar vuestros hábitos alimenticios consultéis con un buen profesional, pero por encima de todo, que toméis aquellos alimentos que a vosotros os sienten bien. Escuchad a vuestro cuerpo y los cambios físicos, mentales y emocionales que vayáis experimentando y seguid aquella dieta que mejor se adapte a vuestras necesidades.

Ya sé que muchos médicos están en contra de lo que escribo, algunos ya me han dicho que esto que hago son tonterías, pero yo misma he podido comprobar cómo he cambiado y la calidad de vida que he ganado. Las pautas que sigo a mi me han funcionado.

Se escribe, se comenta y se publican muchas cosas que pueden o no ser ciertas, pero como os digo, lo que me hace sentir bien lo llevo a la práctica y comparto para tener una mayor amplitud de miras, comparar y tomar propias decisiones.

Puesto que no soy experta en la materia, me encantaría que este blog tomara mayor vida. Sois vosotros los que hacéis que esto tenga su razón de ser y seguro que entre todos podéis aportar ideas muy interesantes o compartir conocimientos que nos hagan crecer a cada uno de nosotros. Así pues, no te cortes, escribe tu opinión, rebate lo que escribo y nutrámonos entre todos.

Gracias por vuestra lectura.